A veces, las personas simplemente no podrán apreciar lo que tenemos para ofrecer, porque sus vidas se mueven en otros ritmos, con ideas distintas, más profundas o más superficiales. No todos podrán comprender lo que damos, y eso está bien.
A veces nos preocupamos por encajar y por ser lo suficientemente buenos, porque queremos que lo que ofrecemos sirva. Pero olvidamos que afuera hay una diversidad de mundos y de ideas propias. Si lo que damos no es recibido, podemos frustrarnos. Sin querer, a veces forzamos situaciones para ser parte de su mundo, sin darnos cuenta de que quizás estamos en el terreno equivocado. Entonces, las expectativas y las ilusiones terminan rotas, pero no porque esa persona o grupo esté mal, ni porque nosotros estemos mal: simplemente, no era el lugar adecuado para la siembra de nuestra semilla.
En un mundo tan diverso, siempre habrá personas que no nos entiendan o con quienes no encajemos. Lo comprendemos con ensayo y error, con caídas y decepciones. La experiencia nos da la sabiduría y la certeza de que no somos nosotros los que estamos mal. Podemos caer muchas veces, pero también acertar a lo grande, y eso nos da confianza en lo que somos y en lo que creemos, cuando encontramos personas afines que nos comprenden, nos creen y nos aceptan.
Seguir adelante es lo más difícil, porque trabajar en la confianza en uno mismo no es poca cosa. Pero podemos anclarnos en cada logro y en cada éxito. A mí me ha funcionado recordar los momentos en que cada fracaso se transformó en un logro significativo, y eso ha fortalecido mi confianza. También observo que las personas allá afuera enfrentan los mismos desafíos para encajar y adaptarse a medios que no les pertenecen. No somos los únicos, y reconocerlo nos pone un paso adelante en la reconstrucción de nuestra fe en nosotros mismos. Debemos aceptar que hay quienes tienen menos valentía, menos arrojo, incluso menos preparación. Y aun así, en un universo tan diverso, siempre encontraremos nuestro lugar y nuestra tribu.
Está de moda decir que si otros piensan de ti mal o bien, eso es problema de ellos. Pero esa frase, aunque tiene algo de verdad, no lo dice todo. Nos importa lo que otros piensen mientras no hayamos encontrado la confianza que mencionamos más arriba. La experiencia nos enseña que cada persona tiene sus propios mundos, ideas, problemas mentales y emocionales que resolver.
Cuando lo reconocemos en nosotros mismos, dejamos que la opinión de otros nos afecte desde la comprensión, no desde el juicio ni la desvalorización. No podemos desechar totalmente a nadie, porque nunca sabemos quién realmente valora lo que aportamos. Los grupos con quienes entramos en contacto no vienen con un cartel visible: “este sí, este no, cuidado con este”.
El camino es desarrollar la capacidad de dejar expectativas y de no intentar gustar a todos. Todos tenemos dones, singularidades que nos hacen únicos, y esos valen, independientemente de si otros los reconocen o no. Quédate con eso.
-Grisel Oliveros-

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