¿Internet nos escucha o nos lee? La verdad detrás del algoritmo
Últimamente se repite el mismo murmullo en todas partes.
La gente lo dice en voz baja, en broma, con miedo o con enojo:
“Hablas de algo y aparece.”
“Nos están escuchando.”
No sé si internet nos escucha.
Pero hay algo de lo que estoy segura: nos está leyendo más hondo de lo que creemos.
No como personas. Como patrones.
Ya antes lo había intuido, cuando escribí sobre “la frase que el algoritmo sabe cuándo mostrarte” : esa que parece casual, pero llega exactamente cuando estás más permeable.
Vivimos expuestos, pero no vigilados como en las películas. No hay un ojo humano del otro lado espiando tu intimidad.
Hay algo más silencioso, más preciso… y por eso más inquietante.
Un sistema que observa cómo te mueves por el mundo digital.
Qué miras.
Cuánto tiempo te quedas.
Dónde frenas el scroll.
Qué repites.
Qué evitas.
Qué te emociona sin que lo notes.
No le importa lo que dices que eres.
Le importa lo que haces cuando nadie te pide que hagas nada.
Ahí te lee.
Muchos sienten miedo porque creen que “no hicieron nada”.
Pero ese es el punto incómodo: hacer nada también deja huella.
Cerrar rápido es un dato.
Quedarte un segundo más, también.
No comentar, no buscar, no comprar… todo informa.
El algoritmo no necesita escucharte.
Le alcanza con mirar tu ritmo.
Como un gato agazapado en una esquina: no interrumpe, no juzga, no invade.
Observa.
Aprende.
Relaciona.
Y un día te devuelve algo que te eriza la piel.
Una vez me pasó algo así.
Una tarde común, sin búsquedas raras, sin internet de por medio.
Una conversación casual con un vecino sobre un taladro.
Nada más.
Horas después, al abrir el navegador para buscar otra cosa, ahí estaba:
ofertas de taladros, como si alguien hubiera tomado nota.
¿Casualidad? Tal vez.
Pero hay casualidades que no dan miedo… dan vértigo.
Porque te hacen entender algo: No estás vigilada. Estás visible.
Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.
Nos mostramos todo el tiempo:
emociones, opiniones, peleas, deseos, indirectas, fotos, silencios.
Publicamos la vida y luego nos sorprendemos de que alguien la lea.
El algoritmo no es un espía.
Es un espejo matemático.
No tiene alma, pero está hecho de la nuestra.
De nuestros hábitos, repeticiones, contradicciones, cansancios.
Por eso asusta a algunos. Y a otros… nos provoca asombro.
Porque entender cómo funciona no te quita libertad, te la devuelve.
Cuando sabes cómo te leen, puedes elegir qué dejar ver.
Y, sobre todo, para qué.
Tal vez la pregunta no sea si internet nos escucha.
Tal vez la pregunta real sea otra:
¿Estamos mirando la vida con la misma atención con la que nos mira el sistema que creamos?
Mientras el corazón bombea litros de sangre para mantenernos vivos,
mientras la lluvia cae con una precisión perfecta,
mientras millones de sistemas bailan en silencio dentro y fuera nuestro…
corremos.
Nos distraemos.
Nos perdemos.
La vida maravillosa sigue ahí.
No desapareció.
Solo espera que alguien se detenga a mirarla.
-Grisel Oliveros-

No hay comentarios.:
Publicar un comentario